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Flexibilizacion local Del hecho al derecho


18-02-2026 14:41:37
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Bajo contratos tercerizados, monotributistas y la figura de “pasantías”, la Municipalidad de Rosario es uno de los actores –sin ser el único– que contribuye a la precarización del trabajo que quiere convertirse en ley con la nueva reforma laboral impulsada por Milei.

La semana pasada, este medio cubrió la situación de los espacios artísticos y autogestivos en la ciudad de Rosario. No es sólo en los espacios artísticos y en los proyectos autogestivos y populares donde la Municipalidad de Rosario desarrolla arbitrariedades y voluntad de concentración para reducir costos siempre y cuando no se trate de sus amigos. 

El pasado miércoles el Senado aprobó la Reforma de “modernización laboral” impulsada por el sector libertario que busca terminar de liquidar al sector cada vez más minoritario de trabajo en blanco en Argentina, y sellar nuestra conversión en un país de mano de obra barata, no calificada y con la miseria a la orden del día. Pero esa reforma tiene antecedentes. Los tiene en el trabajo informal, en la tercerización, en los contratos de dos meses, y también en los trabajos escondidos tras el nombre de “pasantía”, figura legal que, con una excusa formativa/pedagógica (que algunas veces se cumple y en otras está simplemente ausente), tiene condiciones de trabajo de hecho que prefiguran lo que de derecho viene a instaurar la reforma laboral. La Municipalidad de Rosario es –si bien no la única– una de las que hizo y hace uso de estas categorías para conseguir mano de obra barata, “hacer como si” algunos proyectos funcionaran, y practicar además una arbitrariedad que sirva de trampolín laboral a amigos.

Cuidar sin continuidad

El caso de los Centros Cuidar sirve para detenerse a ver cómo esos contratos precarizados se articulan con una política social que, por las mismas características de su planteo laboral, no logra sostenerse ni ser efectiva. 

La iniciativa está cargada de honor y buenas intenciones: los centros Cuidar son espacios estratégicamente ubicados en barrios populares. Contienen distintas iniciativas que, si bien varían por centro, suelen incluir acompañamiento a primeras infancias con una salita de 2 a 5 años, a trayectorias escolares de segundas infancias (de 6 a 12 años), talleres para adultos mayores y en algunas ocasiones también se llevan a cabo aprendizajes de oficios en articulación con el Nueva Oportunidad. Según los últimos datos actualizados en la página oficial de la Municipalidad de Rosario, en 2025 había 39 centros cuidar distribuidos por la ciudad, y en 2023 2618 asistentes a las actividades que allí se realizaban. 

En 2021, la UNR firmó un convenio con la Municipalidad para fortalecer a los centros Cuidar. La iniciativa intentaba ayudar a los jóvenes en la currícula escolar, problemática frecuente entre los asistentes. A través de un programa que tiene por nombre “Andamios” –propuesto por la Secretaría de Desarrollo Humano y Hábitat de la Municipalidad–, y en el marco de las políticas de extensión de la Universidad, se abrieron convocatorias a estudiantes de diversas carreras para acompañar “las trayectorias vitales de las infancias en los barrios populosos de la ciudad. En este sentido, es un espacio de acompañamiento no sólo en lo escolar curricular sino también en lo vincular afectivo”, según se lee en la página oficial de la UNR. 

Camila, estudiante de antropología que formó parte del Programa Andamios, contó a El Eslabón su experiencia laboral y la experiencia de organización que tuvieron sobre el final de su pasantía en reclamo de mejores condiciones laborales para compañeres de los Centros Cuidar. 

“Nos recalcaron un montón de veces que esto no era un trabajo, que no les pidamos aumento de sueldo porque sueldo no había –«asignación estímulo» es el nombre que recibe en estos programas la transferencia de dinero que en criollo llamamos sueldo–, que esto era una pasantía. Teníamos seguro, pero nada más: ni obra social, ni registro, ni nada. Y el depósito del pago lo hacía directamente la UNR”, contó Camila. 

Foto: Jorge Contrera | Redacción Rosario/El Eslabón

A la vez, los Centros Cuidar viven situaciones dispares. No sólo no se realizan las mismas actividades, sino que los equipos laborales están distribuidos de formas distintas, aunque siempre con una cuota de precarización presente. En el que Camila trabajó, contaba con dos trabajadoras en planta permanente –una coordinadora y una asistente sociocomunitaria, que se encargaba de la cocina–; una seño de salita de primera infancia que estaba con un contrato tercerizado y era monotributista, y a cargo de las segundas infancias estaba la “andamiadora”. 

“En un centro Cuidar ideal, o como pude investigar que se hacía antes, la cuestión era siempre de a duplas. Acá estábamos todas solas: en coordinación, en la salita, en socioalimentaria, y yo en Programa Andamios. En otros años, el Programa Andamios venía a acompañar a un trabajador del Estado, sea en planta transitoria o permanente, que estaría encargado de las segundas infancias. Hace ya muchos años que eso no se garantiza”, puntualiza Camila sobre las condiciones del trabajo, y señala: “La idea del Programa Andamios originalmente era acompañar a ese trabajador de segunda infancia que estaba más o menos permanente, que tenía un grupo, una figura estable. Pero con el tiempo el puesto de segunda infancia se fue borrando y quedó sólo el Programa Andamios: mano de obra barata que cambia todos los años y en el cual, además, no se produce seguimiento en el tiempo de los grupos, no hay acompañamiento sostenido, no se generan referencias”. 

“De parte de los jefes –que prácticamente no aparecen más que para pedirte todos los papeles, todas las planillas– no hay nada. Lo único que hay es querer construir una imagen, que es también la imagen del trabajador del territorio bueno, medio sufrido, que está siempre dispuesto a hacer el bien, que se sacrifica. Esa es un poco la imagen que sostienen desde la Municipalidad, desde la Secretaría: la seño buenita que recibe a los pibes pobres, negros, que no tienen dónde caerse muertos”, recalca Camila sobre el Centro Cuidar.

Un frente de lucha

Tras varias de las historias que contó Camila, que se resumen en inoperancia de cadenas de mando; muy poco conocimiento del territorio de los “jefes”; maltrato laboral; promesas no cumplidas –a las seños de salita les prometían que luego de dos años bajo contrato tercerizado pasarían a planta transitoria, lo cual siempre se veía prorrogado y nunca terminaba sucediendo; y, además, eran las que peor sueldo tenían– y ausencia de protocolos ante casos de abuso sexual intrafamiliar de los niños con los que trabajaban los andamiadores –además de otras situaciones que contaban las infancias y ante las cuales no había línea de acción definida–, se formó un Frente de Trabajadores de la Secretaría de Desarrollo Humano y Hábitat de Rosario. 

La experiencia no duró mucho. La Municipalidad empezó a negociar individualmente con varios de los que se sumaban a las movilizaciones, ofreciéndoles pasar a planta permanente o contratos tercerizados con una serie de “beneficios”, aunque no se cumpliera con lo prometido del pasaje a planta transitoria. Si bien eso terminó desarticulando al Frente, se puede observar una mejora, aunque coyuntural, de la posición de muchos trabajadores, cuestión que nunca hubiera sucedido sin la presión forjada en los paros y movilizaciones que llevaron adelante.

Aunque pasado a vuelo de pájaro, el caso de los centros Cuidar es uno más en un archipiélago de contratos precarizados que lleva adelante la misma Municipalidad. En ese sentido, Camila remarcó: “Toda una generación de jóvenes de 20 años más o menos, la mayoría pasó por estos espacios de trabajo que cada vez más son la única salida de conseguir un trabajo «bueno», pero en los que tenés todo esto: son 10 meses, algunos no tenés contrato, y van apareciendo distintos puntos pero siempre en lo mismo: no son trabajos, son pasantías”, y bajo ese término se eluden todos los derechos laborales construidos tras decenas de años de luchas de la clase trabajadora. 

Programa Andamios, mediadores culturales, residencias culturales (a nivel provincial), y muchos otros contratos que no tienen convocatorias públicas, movilizan una gran cantidad de masa de trabajo en condiciones precarias, y en general durante tiempos cortos. Cabe preguntarse hasta qué punto aquello que se presenta como “oportunidad laborales flexibles”, “oportunidades de inserción”, no son en realidad el cuadro común y para toda la vida de la gran mayoría de la población argentina.

Islas, granjas, jardines

“Tres puntos de encuentro en la ciudad, dedicados al juego y la convivencia entre chicos y grandes. Se trata de un proyecto de acción y transformación social a partir de las infancias para llegar a toda la ciudadanía. Con una fuerte impronta estética y poética, convocando al juego, la imaginación y los múltiples lenguajes se crean estos territorios de aprendizajes y disfrute para todas las edades”, así se presenta al Tríptico de la Infancia en la página oficial de la Municipalidad. El proyecto lleva en sí una fuerte apuesta pedagógica, un lugar de encuentro para todas las edades, y accesible. 

Sin embargo, el grueso de quienes todos los años sostienen el espacio cambia cada 1º de diciembre. El Tríptico fue, en efecto, uno de los primeros espacios en aplicar la lógica de la “pasantía” para rotar gente por los espacios de trabajo –palabra prohibida en muchos ámbitos– municipales y, aunque con intención y proyecto pedagógico real, constituyó un antecedente. Luego, distintas secretarías de la Municipalidad tomaron del Tríptico la forma legal y se olvidaron de la parte formativa. La noción de “pasantía” pasó de ser una oportunidad de formación con una “asignación estímulo” a la excusa legal para conseguir mano de obra barata y sin compromiso de continuidad. Es decir, sin responsabilidad ni siquiera a algo más que el cortísimo plazo. 

Camila, quien también pasó por el Tríptico, señaló que, de las pasantías, “es la top, la élite poder conseguir una así: tenés trabajo en blanco, en ese tiempo sos afiliado al sindicato, tenés obra social de IAPOS, un sueldo que aumenta según lo vaya negociando el sindicato, acceso a un banco, que parece menor pero con eso podés acceder a tarjetas de crédito. Un montón de cosas. Y esto, yo lo noto cada vez más, lo que en principio era «probemos esta formación pedagógica que se hace en el Tríptico», que ahí sí se nombra como trabajo, al menos en la Granja lo nombran así, «Trabajo de pasante», pero cada vez más se fue olvidando lo de la formación. La formación es la práctica que tenés de finde a finde recibiendo gente, manejando grupos, pero bueno, algo te da, alguna herramienta te da”.


 

Fuente : redaccionrosario.com

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