En febrero de 1921, la docencia santafesina organizaba una huelga histórica reclamando el pago de sueldos atrasados (en algunos departamentos la deuda ascendía a 22 meses). Lo que pasó en aquel inicio de año escolar lo recuerda el maestro Basilio María Donato, que enseñaba por ese entonces en la Escuela N°379 Florentino Ameghino de Sunchales. El testimonio que dejó es uno de los textos que se pueden leer en los nuevos tomos de Maestras Argentinas (Y maestros y maestres), entre mandatos y transgresiones, compilados por Eduardo Mancini y Mariana Caballero.
El maestro Basilio participó en aquella protesta del magisterio provincial –gobernaba Enrique Mosca– porque, según escribió, la “situación no podía durar” más. La decisión gremial pasó por “no iniciar las clases el 1° de marzo si no se abonaban un par de meses siquiera”. “Los políticos nos trataron de «contreras», otros de estar influenciados y asesorados por los socialistas; los menos, los más sensatos, de que teníamos razón. No era conocido el comunismo, de lo contrario nos hubieran marcado de rojos”, escribió el educador de Sunchales.
La protesta comenzó días antes del 1° de marzo de 1921. “Una huelga pacífica” pero que de “inmediato, el gobierno, mediante un úkase (decreto), conminó a los huelguistas a reintegrarse a sus funciones específicas, so pena de quedar cesantes”. Aquel decreto “imponía la humillación de solicitar por nota, su reincorporación”. El maestro Basilio contó que en aquel momento “el gremio no tenía la unidad de la Fora”, “comenzó a desgranarse y la mayoría inició las clases el día señalado”. “Los más dignos –remarca en ese testimonio– no aceptaron la humillación de pedir sumisamente su readmisión en el cargo y optaron por quedar cesantes, entre ellos Leopoldo López, prestigioso educacionista fundador de La Opinión de Rafaela; Raimundo Peña, jefe de la huelga; Pedro Hormaeche y Arturo Gallo Montrul, docentes de la Escuela N° 379”. Basilio prefirió renunciar antes de darle el gusto al gobierno de que lo echen. Lejos de ser una derrota, la protesta logró romper “la apatía de las autoridades”. Llegaron las ideas legislativas para generar los recursos que permitieran poner al día los salarios, además de aumentar los sueldos de los maestros.
El relato es atrapante y cobra especial valor repasarlo en estos días. Sigue siendo una clase de lucha del magisterio, aún 105 años después. Igual interés tienen las historias de docentes de todo el país, y de la Patria Grande, que se reúnen en los números 8 y 9 de Maestras y Maestros, los últimos tomos de esta colección, esta vez publicados en versión digital.
Junto al testimonio del maestro Basilio se publican las historias de Juana Manuela Gorriti; la de las Ferreyra, la saga de tres maestras mendocinas; también la de los maestros maquinistas ferroviarios en la Red de Escuelas Técnicas de La Fraternidad (entre 1887 y 1927); la de la maestra y escritora santiagueña Blanca Irurzun; las de María Elena Damiano y José Pérez Cruz, educadora y educador de la gesta del sindicato de las y los docentes particulares; la de Ernesto Camilli, un albañil del lenguaje (como se titula el texto); la de Miguel Angel Estrella, un chango con música y esperanza; la de Miguel Angel Nicolau, el sacerdote tercermundista detenido desaparecido por la dictadura genocida en 1977; la de Silvana Sandri de Méndez, una pedagoga del juego y la creatividad; Miryam Kika Kurganoff de Gorban y su legado de la soberanía alimentaria; o las de Luis Cabeda y María Fernanda Foresi, entre otras cientas.
En Maestras Argentinas hay fotografías de todos los tiempos, imágenes que hablan de lo que pasa en las escuelas, en las calles, en defensa de la educación pública o en apoyo irrestricto a la lucha de Madres y Abuelas. Las historias y testimonios se enriquecen con poemas, ensayos e ilustraciones. A través de estas distintas expresiones se habla de las infancias, de la ESI, de la educación popular; se denuncian las consecuencias de las políticas neoliberales y se valoriza la vida democrática. Y sobre todo se hace palpable el valor de la construcción colectiva: los tomos fueron escritos por una diversidad de autoras y autores.
“Una lectura necesaria para los tiempos que corren”, así define la secretaria general de la Ctera, Sonia Alesso, al trabajo reunido en Maestras Argentinas. En el prólogo de los últimos dos tomos destaca que se trata de una obra “sostenida en el tiempo y realizada de manera comprometida en lo político, rigurosa en lo académico y amorosa en lo social”.
Señala lo valioso de esta compilación en más de un sentido: desde la perspectiva decolonial de sus escritos hasta “el reconocimiento del sujeto pedagógico que produce ese hecho; es decir, las maestras y los maestros que escriben sobre y desde su propia experiencia de vida educativa”. Asegura que además resulta un aporte a la lucha feminista, “en tanto narra, hace visible, reconoce y valoriza el papel de la mujer en una institución que es esencialmente femenina: la docencia”. Además de la contribución de la obra a la lucha por Memoria, Verdad y Justicia.
El epílogo del trabajo lo escribe Nicolás Arata, el presidente de la Sociedad Argentina de Investigación y Enseñanza en Historia de la Educación (Saiehe). Afirma que Maestras Argentinas es “un emprendimiento singular que no tiene correlato con otros que se hayan producido hasta el momento en el campo educativo argentino”. Y destaca un dato que hace a la singularidad de esta obra: “Su arco temporal es generoso: hay referencias a experiencias antiquísimas y a acontecimientos de los que fuimos sus contemporáneos”.
Para Arata, la tarea de compilación de Eduardo Mancini y Mariana Caballero es otro dato a resaltar de la colección. “Todas las historias importan. Su criterio curatorial no jerarquiza; por el contrario, da lugar a una narración polifónica en la que cuenta tanto el pedagogo de renombre como el maestro de tierra adentro que puede resultarnos –a priori– un ilustre desconocido”.
Los nuevos tomos se leen cliqueando aquí: tomo 8 y tomo 9.


Los primeros tomos de Maestras Argentinas se publicaron en octubre de 2020, en plena pandemia. Con los últimos dos –anuncian quienes los compilaron– la colección llega a su término. “Los tomos 8 y 9 salen en formato digital para su descarga gratuita, ya que la penuria económica a que nos viene sometiendo la gestión del actual gobierno de la ultraderecha nos impide afrontar la doble edición en papel y digital de los tomos anteriores”, agregan sobre la nueva edición.
Maestras Argentinas es editada por el Centro Cultural La Toma, la Asociación Civil Inconsciente Colectivo y la Cooperativa de Pensamiento Margarito Tereré.
La colección reúne más de 3.500 páginas de “historias y experiencias de cientos de maestrxs de todas las épocas y todos los rincones del país”; escritas por más de 400 autoras y autores. Algunos capítulos pueden escucharse en formato de audiolibro. Quienes los compilaron –Mancini y Caballero–, expresan la satisfacción de que la colección circule por los profesorados del país como material de estudio en las diferentes cátedras. Y mantienen en pie lo expresado en el prólogo inicial de 2020 sobre la obra: Es “una suerte de infinito Libro de arena donde la historia de cada docente desde la escuela le podría agregar una página más”.
Fuente : redaccionrosario.com
Si te ha gustado, ¡compártelo con tus amigos!