Mala Semilla milita el hip hop y la música urbana desde mediados de los 90 pero su propuesta no para de reinventarse. En estos últimos meses publicaron un single y un ep: Transilvania en babia y Parásito sin arte.
Mala Semilla es una propuesta musical formada por dos hermanos DJ ADN y Payador Urbano. Su historia “comenzó mucho antes” del grupo. “Compartimos vida, influencias y una sensibilidad artística que, con el tiempo, encontró en la música un canal natural”, dice Damián Payador Lanzillotta.
DJ ADN se interesó desde muy joven por “el scratch, la manipulación de vinilos y toda la estética sonora vinculada a la cultura Hip Hop”, le lleva siete años a Damián, quien también firma como TextoPerfectoPay. Aquel impulso inicial los llevó a producir material de otros artistas desde su estudio casero llamado Lavadero Records. De su recorrido de más de 30 años nació Mala Semilla, “junto con la esencia creativa que hoy nos define”, explica Damián.
Los años 90 fueron una época decisiva para su desarrollo musical. ADN comenzó como DJ en eventos sociales –cumpleaños, casamientos– con la particularidad de haber construido, junto a sus amigos del barrio, sus propios equipos de audio e iluminación. En aquel momento fabricaron sus propias cajas (bafles) para frecuencias graves, similares a las utilizadas en los sound systems jamaiquinos, que por entonces estaban en pleno auge, aunque por aquel momento ignoraban esa similitud.
Durante la etapa del rock alternativo nacional surgieron bandas como MC Ninja o Jazzy Mel, a quienes DJ ADN tuvo la oportunidad de conocer personalmente, al igual que a DJ Peggyn, quien fue DJ de Babasónicos en sus inicios. Otro referente clave fue Mike Dee, encargado de grabar los scratchs para Los Fabulosos Cadillacs. Mike Dee se había radicado en Rosario así que “fue una consecuencia lógica” que terminaran cruzándose, “intercambiando información y compartiendo sesiones con bandejas y vinilos”.
De aquellos encuentros surgió la incorporación de DJ ADN a la agrupación Natural Rap. Damián, siendo el menor, absorbió de cerca todo ese proceso: “Comencé también como DJ, luego armando beats, escribiendo y, finalmente, consolidándome como productor y compositor. Ese período marcó el inicio de nuestros mix-tapes, colaboraciones y proyectos creativos”.
Cuando empezaron no había tutoriales ni acceso inmediato a información, y menos aún tratándose de un género poco difundido en Argentina. “La data era escasa y quienes la tenían solían guardarla. Por eso nuestra formación fue esencialmente autodidacta: experimentar, descubrir, equivocarnos y evolucionar desde la práctica”, indica.
“DJ ADN se formó detrás de las bandejas, perfeccionando técnica y musicalidad y yo, escribiendo, rapeando y produciendo, recuerda Damián.
Siempre tuvieron el ánimo de aprender haciendo por sí mismos. “Incluso extendimos ese enfoque al aspecto visual de la banda, incursionando en fotografía y edición de video”, remarca el músico
Los integrantes de Mala Semilla participaron en talleres de escritura y de Hip Hop en escuelas, espacios comunitarios, ciclos culturales, eventos solidarios y diversas movidas de la escena local e interprovincial. “Esas experiencias ampliaron nuestra mirada sobre el Hip Hop, mostrando su capacidad de transformar, no sólo de entretener”, repasa.
Aquellas formas de compartir prácticas y conocimientos les dejaron huellas profundas. “Ver cómo un género puede potenciar a una persona sin importar su historia, cómo abre puertas, cómo construye identidad, es impactante”, evalúa Damián.
Todo eso influyó en su expresión artística, prioridades y postura social. Por eso siguen defendiendo el arte como un medio de expresión genuina, por encima de la superficialidad, las modas y el ideal materialista que alimenta al consumismo y las ilusiones virtuales de nuestra época.
La mayoría de sus canciones surgen “de una necesidad creativa más que de un momento puntual”. Intentan buscar y plasmar aquello que, como oyentes, también quisieran escuchar.
En una de sus últimas composiciones, Transilvania en babia, buscan reunir experiencias y emociones en una propuesta festiva y reflexiva, donde “certeza y contradicción conviven para recordarnos cuán humanos somos, incluso cuando intentamos no serlo».
Poco antes de ese lanzamiento, publicaron el EP Nivel Dios, que además de su fuerza rapera exploró “sonoridades diversas que ampliaron su identidad musical”.
Cada tema del EP exhibe una producción pulida, buscando letras detallistas y un enfoque conceptual que exhibe el nivel al que apuntan.
También publicaron el videoclip Leyendas Vivientes en el que profundizan su búsqueda estética, “combinando imágenes urbanas con una narrativa introspectiva y simbólica que traduce visualmente el espíritu del EP”.
Mala Semilla se ocupa de producir tanto su música como lo que la rodea: producción musical, scratchs, letra, mezcla, masterización y diseño gráfico, “manteniendo la esencia familiar y autogestiva que nos caracteriza”. Con esa dedicación y cuidado se ocupan de que cada lanzamiento lleve su “impronta desde el primer hasta el último detalle”, según se encarga de destacar el también conocido como TextoPerfectoPay.
En la escena musical ven que abundan propuestas, “aunque cada vez cuesta más encontrar autenticidad artística, especialmente en un género que hoy atraviesa un auge masivo, con sus pro y sus contras”. Esto también respecto a lo social ya que se atraviesa “un momento complejo, cargado de tensiones políticas y económicas que afectan a todos”.
Sin embargo, Mala Semilla postula que “el arte, cuando es genuino, puede permanecer permeable y a la vez resistente a las adversidades. En su forma más pura, el arte siempre trasciende”.
Fuente : redaccionrosario.com
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