“No es un femicidio ni un homicidio, es un travesticidio”, remarcó Michelle Vargas Lobo ante el brutal asesinato de Gabriela Banach, histórica referente y activista trans. La crisis habitacional y social, la ausencia del Estado y los discursos de odio.
“A Gaby la recuerdo como una compañera histórica, como una bandera de lucha, una compañera que hasta el último filo de su vida estaba militando el proyecto de cupo laboral para la población travesti trans. Una compañera que peleaba por una vivienda para las demás, que hasta el último momento estaba llevando a las compañeras a sacar un turno para un psicólogo o ayudando a conseguir un plato de comida. Vamos a seguir militando todas las políticas públicas que dejó Gaby y nuestro mayor homenaje es seguir en pie, con su nombre como bandera”. Así se refiere Michelle Vargas Lobo –trabajadora nodocente de la UNR en el Programa de Inclusión Educativa y Laboral (Piel) e integrante de la organización Comunidad Travesti Trans Rosario– para recordar a Gabriela Banach, de 47 años, asesinada salvajemente en la madrugada del domingo 9 de agosto en un inmueble ubicado en Cerrito 630. Por el crimen fue imputado un hombre de 24 años, de quien no se dio a conocer el nombre completo. Es la segunda vez en la historia que la Justicia provincial reconoce la figura de transfemicidio y el agravante por odio a la identidad de género previsto en el Código Penal y exigido por las organizaciones rosarinas.
Michelle elige cuidadosamente sus palabras. Su largo recorrido en las luchas, su propia historia, la cantidad de compañeras que perdió en el camino se manifiestan en su discurso y a la hora de poner el cuerpo en cuanta marcha o reclamo sea necesario.
“Nos enteramos por la Fiscalía, en las primeras horas después de que la policía encontró el cuerpo de Gaby y nos contactaron”, repasa Miya, que es como la conoce todo el mundo, y se explaya: “Lo primero que sentimos es bronca, mucha bronca, mucho abandono también, y soledad, porque es la historia del nunca acabar. No es algo novedoso, no es algo que sea de ahora que nos sorprende, que nunca pasa. Estamos cansadas porque es justamente la manera en que nos matan todo el tiempo, entonces obviamente nos da mucha bronca que no haya una responsabilidad estatal real, de poder pensar políticas públicas que impacten en nuestra vida, en nuestro promedio de vida, porque estamos hablando que el promedio de vida de nosotras, como expectativa, es de 25 años”.
La Miya remarca que “Gaby estaba en una situación de vulnerabilidad estructural, atravesada por el consumo problemático, con problemas de salud mental, de acceso a la vivienda, sin familia biológica, y este sistema, que dice que si vos no sos familiar de sangre no podés acceder a los juicios, a las causas legales, entonces si nosotras hoy no estuviéramos peleando legalmente, dando la disputa con el Poder Judicial o la discusión con el Estado o incluso con la Casa Velatoria, a Gaby no la hubiesen velado, no hubiese tenido un desenlace como el que tuvo su sentencia con un imputado, con una causa abierta, con un juicio que está por arrancar las acciones legales”.

Foto: Cristian Maiola
Y fustiga: “Entonces también discutimos estas cosas, ¿qué es la familia?, ¿qué pasa con el acceso a la Justicia para nosotras?, ¿de qué hablamos cuando hablamos de acceso a la Justicia? Nosotras reclamamos justamente eso, que se nos respete nuestra identidad inclusive después de muertas, que haya un proceso legal y judicial con trato digno. Estamos hablando de un travesticidio, no es un femicidio y no es un homicidio, es un travesticidio. Y cuando hablamos de travesticidio hablamos del abandono del Estado, de las muertes evitables por acción o por omisión”.
Michelle también marca diferencias. “No estamos haciendo foco en la acción por la que mataron a la compañera, si era un robo, si había un vínculo de pareja, estamos hablando de cómo nos matan a nosotras. Porque siempre se busca el vínculo, como en el caso de los femicidios que se cometen porque hay un vínculo. En nuestro caso, en los travesticidios, ya ponemos el foco en cómo nos matan de la peor manera. A Gaby la cortaron toda, la golpearon, tenía desfigurada la cara, le siguieron pegando después de muerta, la tuvimos que velar a cajón cerrado y nos recomendaron no verla porque estaba destrozada, imaginate la angustia que tenemos”, cuestiona, y agrega: “Mientras a Gaby la estaban matando acá, estaban matando a una compañera en Villa María y a otra en Buenos Aires, por eso estamos en un contexto de emergencia, porque justamente estamos siendo el foco en este momento social en cuanto a nuestra manera de acceder a las políticas públicas y esto también tiene que ver con un gobierno nacional que nos ha puesto como chivo expiatorio desde que asumió. En el Foro Económico de Davos nos puso en agenda mundial diciendo que éramos pedófilos, degenerados, que teníamos una ideología de género para bajar, nos enmarcó dentro de una agenda woke y todos esos discursos, que obviamente no son sin intención, repercuten en nuestra vida. Después de casi tres años de gestión de este nefasto que tenemos como presidente, en los que ha instalado discursos de odio año tras año en todos lados, hoy todo eso repercute en nuestros cuerpos, en nuestras muertes, en el abandono del Estado, en el desmantelamiento de la Secretaría, de las áreas, en que no hay presupuesto, y hoy lo pagamos con nuestras vidas”.
A la hora de buscar respuestas en el Estado, la Miya es contundente. “Con respecto al acceso a la salud, a la vivienda, a la educación, a la justicia, a todo lo que necesitamos y peleamos, las respuestas son nulas. Yo entiendo que vivimos en un régimen, en un sistema que capitaliza y que claramente está pensado en una lógica binaria, que es un sistema ordenador, disciplinador, que busca ordenarnos entre varones o mujeres y depende en qué hilera vas vos. Son los mandatos que tenés que seguir o cómo deberías ser vos o qué espera la sociedad de vos por tener pene o por tener vulva”, marca de entrada.
“Como nosotras claramente desobedecemos este sistema y nos construimos por fuera de este sistema –continúa–, lo pagamos con nuestros costos. El sistema de salud no está pensado para las personas travestis, el sistema educativo no está pensado para nosotras y ni hablar del acceso al sistema formal, de todo lo que tiene que ver con viviendas, planes sociales. Todo eso está pensado en torno a la familia tradicional, mamá, papá, ingresos familiares. Eso no nos pasa a nosotras, porque somos expulsadas por el sólo hecho de ser travestis. El sistema de salud que no nos contempla, el sistema laboral formal que no nos toma porque somos una vergüenza, porque somos sujetos de peligrosidad, adictas, prostitutas, sidosas. Esa es la mirada peyorativa que hay sobre nosotras, ese estigma social se ha generado sobre nuestras identidades, como sujetos de peligrosidad en esta sociedad”, añade.
Al respecto, remarca que “el sistema educativo tampoco te contempla, todavía estamos discutiendo si vas al baño de hombres, al de mujeres, al de discapacitados, tenemos que esperar que entren todos los nenitos normales a las aulas o al recreo para que entre la persona trans sola. Tenemos que volver a reconstruir el tejido social, hay que hacer una fundación pero radical desde abajo, hay que repensar todos los sistemas y con todas las personas adentro, no solamente con las personas travesti-trans, con los pobres, con los villeros, con los gordos, con los discas, con los cartoneros, con todas las personas que somos expulsadas de este sistema”.

Foto: Julia Oubiña | El Eslabón/Redacción Rosario
La Miya insiste con la salud. “No puede ser que vayamos al hospital y todavía el servicio médico no sepa cómo atenderte, no sepa que existe una ley de identidad de género. Hay que rediseñar todo el sistema político porque el paradigma de salud cambió, son nuevas las franjas etarias que consumen problemáticamente, son nuevas las drogas que hay, son nuevas las enfermedades, no es lo mismo el mundo que teníamos hace 15 o 20 años atrás y sin embargo las políticas públicas son las mismas que hace 50 años”.
Y por supuesto también en la Justicia. “Es una disputa permanente que tenemos, primero porque la justicia es justamente el brazo opresor que históricamente nos ha puesto en el ojo de la agenda como sujetos de peligrosidad. Prácticamente no tenemos la posibilidad de ir a denunciar un hecho de violencia, de ir a la Justicia como victimarias porque siempre vamos a ser los sujetos de peligrosidad nosotras, las violentas, las drogadictas, las prostitutas. Cuando pasó lo de Gaby, lo primero que quisieron hacer desde los medios de comunicación fue remarcar que tenía consumo problemático y que era trabajadora sexual. Y sí, Gaby era trabajadora sexual y tenía consumo problemático, pero además de eso era una gran compañera, una militante activa, una trabajadora social comunitaria, la conocía todo el mundo, en los gremios, los sindicatos, las bibliotecas, la iglesia, la universidad, la Municipalidad, la Provincia, los feriantes, en la terminal, en medicina, eso es lo que hay que destacar. Y el acceso a la Justicia es que caratule el caso de Gaby como un travesticidio. Acá en Santa Fe tenemos un precedente judicial de una compañera que también fue víctima en la ciudad de Santa Fe, Alejandra Ironisi, y nosotras estamos tomando como precedente y peleando como querellantes justamente esa carátula, la de travesticidio”.
Por último, Michelle indica que “los reclamos son los de siempre porque las necesidades están constantemente y nunca dejamos de reclamar”, y destaca: “Ahora estamos en agenda por lo que pasó con Gaby, pero esto es el momento, después pasa, como ha pasado con todas las muertes. Seguimos reclamando que el Estado tome realmente en agenda nuestro petitorio y que se piensen políticas públicas reales que puedan impactar y mejorar nuestra calidad de vida”.
“El gran fracaso de las políticas públicas es que son las personas cis las que piensan por nosotras, quienes piensan qué política necesitamos, pero somos las travestis las que sabemos cuáles son las barreras que nos encontramos cuando vamos a la escuela, cuando vamos al sistema de salud, somos nosotras las que hemos llevado adelante las políticas públicas y somos nosotras las que queremos estar sentadas en la mesa de discusión con todos los ministros y con todos los funcionarios pensando políticas públicas reales para que impacten en nuestra vida. No queremos que nos vengan a dar políticas públicas escritas por otras personas, queremos que las políticas públicas sean escritas por personas travestis y trans y el resto que nos acompañen”.
Fuente : redaccionrosario.com
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