Con una carta, Messi le anunció al mundo que dejará la Selección. La tristeza por saber que ya no se pondrá la celeste y blanca con la 10 en la espalda y la alegría de haber sido contemporáneos.
Para quienes crecimos adorando a Dios Armando Maradona, la de Lionel Andrés fue algo así como la llegada del Messías. Más allá de las odiosas e inservibles comparaciones, fueron dos de los tipos que más alegría nos dieron a nivel Selección a los argentinos y argentinas que respiramos fútbol por todos los poros. Si a Diego lo mataban propios y extraños, Lio no zafó del exitismo visceral y tuvo que esperar y luchar demasiado para conquistar logros con la piel sagrada celeste y blanca después de haber ganado todo en los clubes que tuvieron el inmenso placer de tenerlo entre sus filas.
Deja la Selección sin lugar a dudas el mejor futbolista de los últimos tiempos, el que deslumbró a pibes y pibas de todo el mundo que llevan orgullosos su camiseta argentina con el 10 en la espalda y sueñan con ser como él. El que nos hizo levantar la Copa del Mundo en Qatar, el que nos hizo gritar hasta quedar afónicos aquello de “el que no salta es un inglés” en su último Mundial, ese que disputó con un ojo puesto en el arco de los rivales de turno y el otro en la salud de su padre.
Que Diego se enfrentó a los poderosos y Messi casi no hablaba, que Maradona jugaba solo y Lio rodeado de estrellas, que el Pelusa fue un animal político y el Pulga prefirió dedicarse exclusivamente a jugar a la pelota será tema de discusión para otros tiempos. El anuncio de Messi pega fuerte y genera una sensación de orfandad. Pero si esta castigada y amada patria que es la Argentina fue la tierra elegida para que nacieran en ella esas dos estrellas, ¿por qué no volver a ilusionarse con la tercera?

Fuente : redaccionrosario.com
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