Nos enseñaron que estar solas era un problema que teníamos que resolver rápido.
Que había una edad para encontrar pareja, una edad para casarse y una edad para formar una familia. Y si te salías de ese guion, entonces, algo estaba mal contigo.
Por eso muchas mujeres no le teníamos miedo a estar solas. Le teníamos miedo a ser juzgadas, a que nos compararan, a sentir que nadie nos había elegido, a creer que íbamos “tarde” a una vida que ni siquiera habíamos escogido nosotras.
Pero estar sola no significa soledad, no siempre es ausencia de amor, también es el espacio donde vuelves a encontrarte contigo misma, donde descubres qué te gusta, qué necesitas, qué ya no estás dispuesta a negociar y quién eres cuando no estás intentando ser suficiente para alguien más.
Tal vez el verdadero fracaso nunca fue llegar sola a cierta edad, tal vez fue vivir desconectada de ti por miedo a quedarte sola.
Porque cuando aprendes a estar contigo sin castigarte, sin esconderte y sin sentir que algo te falta, la pareja deja de ser una urgencia.
Y entonces ya no eliges desde el miedo.
Eliges desde la paz, desde el deseo, desde un lugar más tuyo.
Fuente : facebook.com
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