“La interculturalidad es clave para la convivencia”, reflexiona el profesor Miguel Ángel Santos Guerra ante los discursos de odio que atraviesan la vida de niñas, niños y jóvenes de todo el planeta. ¿Qué puede hacer la escuela ante semejante panorama? La pregunta la recoge el educador y afirma que es preocupante el mundo que le estamos dejando a los jóvenes.
Santos Guerra es doctor en Educación y autor de más de 80 obras pedagógicas y didácticas. En estos días compartió en Instagram su rechazo a las declaraciones del diputado de Vox, José María Figaredo, quien pidió salir a “cazar”, a “pescar” a las personas migrantes.
No muy lejos de ese discurso que promueve la violencia en todas sus expresiones, en la Argentina, el abogado libertario Alejandro Sarubbi lanzó un mensaje igual de violento en Carajo, el canal de streaming oficialista. Lo hizo contra las y los bonaerenses, llamando a construir un muro custodiado por francotiradores, implementar esterilizaciones y hasta tirar bombas de napalm.
“Ya la provincia de Buenos Aires, sobre todo lo que tiene que ver con el conurbano bonaerense, no tiene salvación. Ya no hay retorno ahí. Pase lo que pase, gane quien gane, va a seguir siendo lo mismo”, justificó su plan Sarubbi y luego dio a conocer lo que llamó “una serie de propuestas”, que incluye hasta “expulsar a la provincia de Buenos Aires del territorio nacional”.
Del otro lado del Atlántico, similares discursos tienen lugar y desde la boca de parlamentarios españoles. Este es el caso del diputado de Vox, José María Figaredo, quien a raíz de las personas migrantes que el 30 y 31 de julio pasado cruzaron la frontera de Marruecos a Ceuta, llamó a “cazar”, a “pescar” a cada una. En esas declaraciones públicas en medios y redes sociales, Figaredo convocó a salir a “cazar” a las personas migrantes por considerarlas “invasores”. El diputado de la derecha española pidió que se despliegue a las Fuerzas Armadas: “Lo que hay que hacer es meter al Ejército, cogerlos a todos y devolverlos al sitio del que han venido”.
Tanto Sarubbi como Figaredo fueron denunciados por esta incitación a los discursos violentos, de odio, de discriminación y racismo.
El profesor Santos Guerra dice que la preocupación central pasa por preguntarnos qué “mundo le estamos dejando a nuestros descendientes”. De inmediato, desde su mirada de pedagogo, asegura que “la clave de la convivencia reside en la interculturalidad”, también que en este terreno “la escuela tiene que educar siguiendo los postulados” interculturales.

El educador español Miguel Ángel Santos Guerra. Foto: IG Santos Guerra
El educador enumera esos principios que hacen a la interculturalidad y que indican un camino para pensar y construir convivencia desde el ámbito escolar:
1) Hay muchas culturas y subculturas en esta sociedad.
2) Todas las culturas merecen reconocimiento y respeto, aunque no compartamos todas sus concepciones.
3) Se centra preferentemente en las relaciones igualitarias entre las culturas.
4) Es un valor el que haya culturas diversas que se relacionan entre sí.
5) La escuela debe dar respuesta a esta diversidad y no permanecer de espaldas a ella.
6) Pone el énfasis más en las similitudes que en las diferencias.
7) Facilita y promueve procesos de intercambio, interacción y cooperación entre culturas.
8) Realiza una aproximación crítica analizando y valorando las culturas, incluida la propia.
9) Contempla el proceso educativo no como elemento segregador sino aglutinador.
10) Todas las personas, independientemente de su lugar de origen, género, religión o cultura tienen una dignidad esencial por el simple hecho de ser seres humanos.
Conocida las declaraciones de Figaredo, el profesor Miguel Ángel Santos Guerra las rechazó públicamente, a través de su red social de Instagram. Alertó sobre los riesgos que tanto discurso violento sea escuchado por niños y jóvenes, y que den a entender que hay ciudadanos de primera categoría y otros desechables. Discursos a los que calificó emparentados con el fascismo y el nazismo.
“Esas declaraciones incitan al odio, esas declaraciones por consiguiente son un delito”, señaló el educador y convocó al parlamentario de Vox a retractarse de sus dichos. En particular, “porque sus declaraciones son escuchadas por niños y jóvenes”.
“Esas declaraciones –continúo– son nazis, son fascistas, son declaraciones que dividen a la población en dos tipos de ciudadanos: los de primera categoría, a la que pertenece el señor José María Figaredo, y los otros que son los desechables, los despreciables”.
En este sentido, se posicionó en la defensa de las personas migrantes, quienes merecen la “misma dignidad y derechos por ser seres humanos”. Y le reclamó que en lugar de su odio exprese “su solidaridad, su compasión respecto de las personas que están en esa necesidad extrema”.
“Me preocupan mucho los tiempos que corremos. Porque la cultura neoliberal contradice todos los presupuestos de la educación: individualismo, competitividad, obsesión por la eficacia, olvido de los desfavorecidos, privatización de bienes y servicios, capitalismo salvaje, imperio de las leyes del mercado, relativismo moral”, había expresado el educador en una entrevista realizada por Redacción Rosario.
Santos Guerra insistió entonces con una idea que ha sostenido a lo largo de varios de sus libros y trayectoria de educador: la exigencia de que las escuelas sean “instituciones contrahegemónicas, que van contracorriente”. Y que sus docentes vayan también “contra esta avalancha de criterios perversos”.
“Es cierto –afirma– que es más fácil dejarse arrastrar que ir en contra de la corriente, pero no deberíamos olvidar que la corriente solo arrastra a los peces muertos”.

Foto: Jorge Contrera | El Eslabón/Redacción Rosario
Para el catedrático, “el avance del fascismo está planteando unos desafíos a la ciudadanía que exigen pensar y actuar. Todo ello demanda una escuela que sea antifascista, inclusiva, feminista, cooperativa, solidaria, crítica, democrática… Una escuela que enseñe a pensar y a convivir”.
En aquella entrevista recordaba que cuando Donald Trump fue elegido por primera vez como presidente de los Estados Unidos, le habían solicitado desde un periódico en el que colabora desde hace más de dos décadas que escribiese un artículo sobre esas elecciones. Lo hizo y lo tituló: El problema no es Donald Trump.
“Decía en él que el primer problema no era que se presentase a las elecciones un personaje tan siniestro sino que tuviera tantos millones de votantes. El segundo problema era el siguiente: ¿qué aprendieron en la escuela esos votantes?, ¿aprendieron a pensar y a convivir? Las dos preguntas se han hecho más inquietantes después de la segunda elección. ¿Vamos por buen camino?”, convocó entonces a reflexionar también desde las aulas.
Fuente : redaccionrosario.com
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