En estos tiempos de fascismo, hay que confrontar lo realmente importante
El mayor criminal de guerra que han conocido las últimas generaciones, el individuo más desalmado que ha visto este siglo se llama Benjamin Netanyahu.
Es responsable del atroz genocidio contra el pueblo palestino, transmitido en tiempo real durante casi tres años; civiles, periodistas, médicos, rescatistas, decenas de miles de niños asesinados por el gobierno israelí con la complicidad de Estados Unidos. Y continúa la matanza, a pesar de los acuerdos.
Netanyahu, sobre quien de hecho, pesa una orden de captura emitida por la Corte Internacional de Justicia, es la escoria de la tierra.
Y aún así, yo no aprobaría, el PIP no endosaría la invasión de Israel para extraer a Netanyahu y enjuiciarlo. Porque aunque sea un estado asesino, pariah, despreciable para quien tenga una pizca de sensibilidad en el alma, Israel es un estado soberano. Eso es consistencia.
Lo digo porque hemos visto en las últimas semanas, y aún antes, el desmedido interés de ciertos sectores, de ciertos personajes, sobre lo que el PIP dice o piensa de la intervención militar de los Estados Unidos en Venezuela, criticando que hayamos asumido la postura a la que invitan los actores más diversos del escenario internacional, desde el Papa León XIV en el Vaticano hasta Lula da Silva en Brasil, desde las Naciones Unidas hasta figuras políticas, incluyendo republicanos, en los propios Estados Unidos.
Todos esos que atacan, que critican, que se creen con autoridad moral para emplazamientos, difamación y epítetos, (como la ganga de libelosos que se atreven a repetir que el PIP ha recibido financiamiento de Venezuela) han preferido sacrificar la razón, y la justicia ante al altar de la politiquería, comenzando con la Gobernadora, y siguiendo por muchos aquí, que piensan que si lamen con bastante energía y gusto los zapatos de Donald Turmp, él los mirará con benevolencia, y amorosamente los acogerá en el regazo del anexionismo. Esas y esos deben mirarse en el espejo de María Corina Machado, ridiculizada ante el planeta por el hombre al que le quiere transferir su premio Nobel.
No es el PIP lo que debe preocupar a cualquiera con sentido histórico.
Lo que debería ocupar su espíritu son las implicaciones de la reactivación de la Doctrina Monroe para el orden mundial, pero también, para la vida de cada día en los Estados Unidos.
Trump ha amenazado con apoderarse de Groenlandia, a las buenas o a las malas; ha amenazado a los colombianos con intervenciones militares y a México con bombardeos, recurriendo al argumento del narcotráfico que una vez le sirvió para Venezuela y para las ejecuciones extrajudiciales en alta mar, y que ahora hay que ser irremediablemente corto de luces para creer.
Para hacer valer la solidez de su determinación y lo descarnado de su agenda fascista, Trump y sus acólitos han recurrido a la violencia a mansalva ejecutada por los agentes de ICE: el asesinato de Renée Good en Minnesota, que cada vez parece menos fruto del azar, los arrestos y maltratos a más de mil estadounidenses en los últimos días, son las señales de advertencia de que ninguna disidencia será tolerada y de que los valores democráticos no valen nada en Estados Unidos. Vivimos tiempos terribles, tiempos de espanto, de los que serán coautores quienes callen o quienes pretendan, por mezquindad politiquera, esquivar la confrontación con lo que realmente importa.
En estos tiempos de fascismo, hay que confrontar lo realmente importante
— María de Lourdes Santiago (@marialourdespip) January 12, 2026
El mayor criminal de guerra que han conocido las últimas generaciones, el individuo más desalmado que ha visto este siglo se llama Benjamin Netanyahu. Es responsable del atroz genocidio contra el pueblo… pic.twitter.com/0JCmhGZdPf
Fuente : x.com
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