Sí, la extracción de petróleo afecta profundamente a la tierra, tanto en el momento de su explotación como en el futuro.
Los impactos más severos incluyen degradación del suelo, contaminación de acuíferos, hundimientos del terreno y riesgos prolongados por pozos abandonados.
Un análisis detallado de estas consecuencias revela lo siguiente:
1. Daños directos al suelo y su estructura.
La extracción modifica y rompe la estructura del terreno.
Los derrames de crudo penetran en el subsuelo, alteran su composición química y reducen drásticamente su fertilidad y valor agrícola al asfixiar la tierra y bloquear el oxígeno.
Además, la actividad implica la compactación del suelo por la maquinaria, lo que dificulta el crecimiento de vegetación.
2. Contaminación de aguas subterráneas.
Los procesos, especialmente métodos intensivos como el fracking, y las filtraciones en los pozos de extracción generan millones de litros de fluidos tóxicos y lodos.
Estos residuos suelen quedar bajo tierra y pueden contaminar de manera irreversible las reservas de agua potable y napas subterráneas.
3. Hundimiento del terreno.
Al extraer grandes volúmenes de petróleo y gas natural del subsuelo, se crean espacios vacíos. A largo plazo, el peso de las capas superiores de la Tierra puede provocar el hundimiento del terreno (subsidencia) en zonas cercanas a los yacimientos.
4. Peligros por pozos abandonados.
En el futuro, cuando los pozos petroleros dejan de ser rentables y son abandonados sin la clausura y remediación adecuada, pueden erosionarse y derramar fluidos contaminantes o liberar gases como el metano durante años, destruyendo áreas verdes, fauna y ecosistemas locales.
Fuente : diarioar.ar
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